Un nuevo acuerdo para el próximo cuarto de siglo

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Casi llegamos al vigésimo quinto aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz. Ha transcurrido un cuarto de siglo desde ese memorable acontecimiento convertido en el hecho histórico político más relevante después de la suscripción del acta de independencia patria. Ambos acontecimientos reflejan, en su contexto, el indómito espíritu de lucha que ha hilado a generaciones comprometidas con alcanzar lalibertad, la justicia, la paz y el progreso; objetivos profundamente arraigados en nuestra salvadoreñidad, mejor reflejados en la doctrina del “El Mínimum Vital” del maestro Masferrer que supo plasmar en su obra el más hondo sentimiento y aspiración de modesto bienestar, manifestado como sueño recurrente en el escenario de una de las etapasmás álgidas de crisis del país y la región -1929 y su desenlace de 1932- y que cíclicamente se ha venido repitiendo, postergando la necesidad y sentida demanda de nuevas reformas estructurales.

Los que tuvimos la oportunidad de vivir, la decisión de participar y la suerte de todavía contar el preámbulo y desenlace de estos cinco lustros de historia salvadoreña, hemos estado en diferentes aceras ideológicas, y desde ellaspudimos -por acción u omisión- participar de los hechos de esta gesta, bajo nuestra propia perspectiva e interpretación del curso a seguir para alcanzar los objetivos descritos, ahora mediante otras formas de lucha en el marco de la constitucionalidad, según el interés de cada posición de pensamiento.

Sin embargo, más allá de las diferencias políticas, sabemos del sacrificio que ha representado para la nación y para muchas de nuestras familias superar ese álgido capítulo, en lo referente a las pasiones que generan los daños de unaguerra civil de más de 11 años. Además, como país cargamos aun con moras de las deudas humanas que todavía tiene el estado salvadoreño con muchas de las víctimas y desmovilizados.

Solo una sociedad que se interesa, genera condiciones, educa y es capaz de acercarse a conocer e interpretar su historia; puede determinar mejor el rumbo y acciones para  la solución de los retos que enfrenta en su propia época. En este sentido, si bien la generación que participamos en el conflicto interpretamos y conocemos un fragmento de lo ocurrido; la generalidad del país, que en su mayoría son jóvenes -que o eran muy pequeños durante el conflicto o nacieron después de éste- tiene muy poco conocimiento de aquella etapa. Entonces, es un enorme reto promover la enseñanza de la historia patria con el objeto de fomentar la identidad nacional y estimular un fervor cívico de participación activa en las soluciones de los nuevos retos que vive la sociedad para nunca más volver al pasado.

La gente, por lo general, rechaza la confrontación estéril, fenómeno todavía enquistado, superficial y muy exacerbado en la mentalidad y acción de buena parte de la generación que vivimos aquel conflicto y hoy inoculado a varios de las nuevas generaciones del partidismo tradicional. Esto ha provocado una sociedad con fuerzas políticas muy polarizadas, cuyo distanciamiento se debe, en esencia, a modelos político económicos excluyentes, confrontados, principalmente por la divergencia de intereses de clases pudientes y excluidas, lo que repercute en propuestas de solución claramente diferenciadas ante los problemas económicos y sociales vigentes.

No obstante, si bien la solución ante la confrontación estériles el fomento del diálogo, todavía es limitado el ejercicio de participación política de la sociedad en el debate público que ameritan  los problemas del país; en la necesaria movilización continua en el marco de la ley, desde lo local hasta lo nacional; y en las nuevas formas de organización locales y sectoriales, todavía embrionarias. Por lo que ante la inactividad o pasividad de la amplia representatividad y diversidad de intereses del conjunto de la sociedad, al final el escenario termina siendo nuevamente dominando por las fuerzas políticas tradicionales que desplazan –y ocupan- el lugar  de aquellos que perfectamente pueden y deben incidir legítimamente en la construcción de correlaciones.

A 25 años de la firma de la paz, no vemos aún, un nuevo acuerdo para el horizonte, una buena parte de las fuerzas de derecha tradicionales no han comprendido la importancia de un acuerdo de esa naturaleza para el desarrollo del país, más bien bloquearon esa posibilidad y están empeñadas en una visión electorera y coyuntural desestabilizadora, que ha dificultado el avance a la iniciativa permanente de los esfuerzos gubernamentales, con el apoyo decidido de Naciones Unidas, por alcanzar un nuevoconsenso y ofrecer un documento de acuerdo político con énfasis económico, social y fiscal que responda a los vacíos del acuerdo de 1992, dándole perspectivas a la permanente búsqueda de la unidad nacional.

Nos queda asumir este aniversario como el inicio de ese proceso hasta alcanzar un acuerdo que sirva de ruta a la unidad nacional para los próximos años.